sábado, 27 de febrero de 2010

El telenovelero


(1)

“Criadora de cuervos”
Era la única frase que pasaba por mi cabeza al pensar en mi esposa. Iba manejando mi vehículo como si fuese un autómata, sólo pájaros negros me espantaban dejándome en un estado deplorable frente al volante. No recuerdo bien como logré llegar al cine-café; simplemente con un parpadear de ojos ya estaba estacionado mientras las luces aún continuaban encendidas.
Mi camisa estaba tan sudada que se me enronchó el torso, entonces comencé a rascarme justo en el momento que entraba a Los Beduinos.
De repente, nuestras miradas se cruzaron, aquella joven del mostrador dejó de leer su revista, posando su mirada hacia mi camisa azul.

-¿Hace mucho calor allá afuera? Digo, con el aire acondicionado…
-Muchísimo.

Una pequeña conversación fue suficiente para hacer palpitar mi corazón tan rápido que tuve miedo que otros pudiesen escucharlo. Me adentré en la rentadora, leyendo títulos de películas lo más rápido posible, únicamente quería encontrar uno lo suficientemente serio y culto para sorprenderla.

-¿Qué piensas de esta película?
-Es buena, de repente Woody hace películas interesantes. Pero a veces pienso que es demasiado pretencioso. No, esa no es la palabra que busco… ¡sangrón!; sí, esa es.
-¿Entonces usted qué me recomienda?
-¡Oye amigo!, no tengo cincuenta años, ese usted me envejece…. depende de sus gustos.
-¡Quiero algo de acción!
-Por ahí debió haber empezado antes de escoger a Woody Allen. ¿Le gustan los zombies?... ¿Eso es un sí? Entonces busque en la sección de A. Romero.
-¿Cuánto cuesta rentar la sala de video?
-750. ¿Acaso va a invitar a sus amigos?
-No, sólo no quiero ir a verla a mi casa.
-¿Le tiene miedo a su mamá?
-¡Qué simpática!... le tengo miedo a mi esposa.
-Pues ahorita la sala está vacía, le dejo ver su película. Con que pagué por ella es suficiente.
-Muchísimas gracias.
-No hay problema. Disfrute la función. ¡Ah!, no olvide comprar palomitas.

(2)

¡Raúl, ya está lista la cena!

“…César Eduardo, entonces llamó a María. Ella corrió hasta la sala con el rostro viscoso de tanto llorar. Su vestido para la fiesta del pueblo estaba manchado por completo, aparte nunca contó con el calzado adecuado para lucir semejante prenda. Entonces César Eduardo le dijo: “No llores más, María”, en seguida le mostró un gran paquete; encima de éste unas zapatillas rosas de tacón servían de adorno. La sirvienta abrió su regalo con el mismo entusiasmo con el cual un niño recibe un helado de su sabor favorito; sacó el hermoso vestido y dijo: “César Eduardo, usted es el hombre más bueno que Diosito ha puesto en mi vida”….

¡Raúl!

-¡Maldita sea Laura, deja de gritar, tengo que acabar el avance del guión para mañana!

“… Loreta pega de gritos en su habitación cuando se entera que César Eduardo le regaló un vestido a María. Abre su armario con una fuerza desquiciada, entonces arranca la ropa de los ganchos, aventándola hacia cualquier lado. Su tía Dalma escucha aquel escándalo, se encuentra indecisa, pero finalmente resuelve entrar impetuosamente al cuarto y le grita a Loreta: “¿Acaso eres estúpida?, ¿quieres qué tu novio te vea en tal estado?” Loreta no le responde, en cambio, revuelve su cabellera con las manos, camina de un lado a otro completamente trastornada por la ira. Entonces Dalma le da una cachetada a su sobrina dejándola rendida en el suelo; en lugar de agacharse y pedir una disculpa, la tía le dice a Loreta: “Recuerda que tú eres una García del Valle”.

-¡Raúl! ¿Vas a venir o quieres comer tu cena fría? ¿Acaso te gusta sentirte triste como un perro?
-¿Si te acuerdas que gracias a este trabajo, tú y tus hijos tienen para comer?
-¡Son tus hijos también! No porque te la pases fuera de casa dejan de ser tu sangre.
-¿Es qué no lo entiendes? ¡Yo soy un escritor!... ¡Mira en lo que me he convertido, en un maldito guionista de telenovelas!
-Pues mucha gente las ve, ¡pero claro!, tú siempre buscando el lado negativo de las cosas.
-A veces me pregunto Laura, ¿Alguna vez tuviste sueños o ilusiones?, ¿O siempre fuiste tan conformista?
-¡Vete al demonio! ¡Mi única ilusión ha sido complacerte, darte hijos y quererte!
-¿No te cansas de esa rutina banal?
-¿Y tú no te cansas de dormir en el sillón? Porque hoy tampoco estoy de humor de recibirte en mi cama.

(3)

“Que se acabe este constante error”

-¿Leíste el libro que te presté?
-Aún no he tenido tiempo, Jacobo.
-Eres la única persona que me llama por mi segundo nombre, los demás me dicen Raúl.

Estábamos en la cama, acostados, viendo Violenta Obsesión, la telenovela con mayor audiencia en el país; la telenovela que consume mis energías en las noches frente a una lámpara. Ahí quedaron mis estudios en filosofía y letras, embarcados en una nave que simplemente flota sin rumbo en medio de lo que pudo ser.
Amalia ha sido como una tabla de salvación, desde que la vi en Los Beduinos ya la sentía mía. Ella es como un diamante en bruto que aún necesita pulirse. No me agobia como Laura, tampoco ejerce esa carga de culpabilidad sobre mi espalda. Con Amalia todo es vasto, fructífero, inesperado; mientras que con mi esposa cualquier acción es deleznable, es como estar siempre en tierra yerma. Jamás debimos casarnos, ¿qué teníamos en común? Un sueño conmovedoramente estúpido de salir de un hoyo abrumador con su oscuridad. Finalmente lo logramos, para luego quedar aprisionados en un matrimonio austero de cualquier sentimiento de comprensión. Pero llega el momento de darle un ultimátum a los errores… debía terminar con Laura, aunque por otra parte un difuso sentimiento de culpabilidad de vez en cuando me causaba malestar estomacal.

-Adoro esta escena, por lo general las villanas siempre tienen un carisma atrayente.
-Amalia, a mí me parece igual a todas.
-¡No!, Mira la furia de cada uno de sus actos, hay tanto dolor, tanta tristeza…
“tanta miseria”.

(4)

“María caminaba debajo de la lluvia, llorando por la traición de César Eduardo, ¿cómo se había atrevido a decirle que la amaba si estaba esperando un hijo con otra mujer? Entonces se tiró de rodillas en el pasto, miro el cielo estrellado y utilizando las pocas fuerzas que aún le quedaban en las entrañas, lanzó un grito de inmenso dolor.”

-¿Qué pasa Rodríguez?
-Tu esposa llamó, dijo que viene al set.
-Lo que me faltaba, una pelea conyugal en el trabajo.
-No seas tan quejumbroso, Laura es muy bella, además…
-¡Ya!, no quiero seguir hablando de ella.
-Bueno, ¿entonces qué quieres? Una toma de ángulo hacía abajo a María o un medium shot, de todas formas ya sabes que al final el director hace lo que se le venga en gana.
-Sería mejor un long shot para la escena de María…
-¡Hey Raúl!, creo que ahí está tu esposa.

Estoy seguro que Laura ya sospecha la situación de nuestro matrimonio. ¿En este momento, hasta en mis horas lejos de sus quejas viene a molestarme? Pareciera que tiene piedras en los zapatos, camina tan lento. Odio cuando me obliga a tener que ser yo quien se acerque; como si yo la buscara, como si aún la deseara.

-Siento haber venido a tu trabajo, pero el coche se descompuso…
-¿CÓMO?, pero en la mañana funcionaba perfectamente.
-¡Perfectamente no!, Raúl. Por que sino estaría ahorita en mi casa y no molestándote en el trabajo.
-¿Y dónde lo dejaste?, ¿Qué quieres que haga?
-Pues llamar al mecánico, a la grúa, lo que sea. Tú bien sabes que no se arreglar esas cosas.

(5)

Algo me sucede, tengo a Amalia, pero no dejo de pensar en Laura. Ya no es culpabilidad. Laura me llama para arreglar los malfuncionamientos del automóvil, me grita para que la acompañe a cenar, me pide mis consejos cuando va a comprar un libro, los domingos me dice que le explique como funcionan las reglas del americano y aunque por más repeticiones, mímica y respuestas concretas, ella no las entienda; yo continúo cada fin de semana intentando hacerla comprender. Toma cantidades industriales de cerveza cuando salimos a cenar a un bar y adora los karaokes. Sabe que por mi parte, el hecho de cantar en vivo ante rostros extraños me causa pavor; pero Laura conoce todos los éxitos de la radio.
En cambio, Amalia, ella tiene una biblioteca propia de libros económicos, pues su sueldo no le permite darse demasiados lujos. Escribe sobre sus pensamientos existenciales, tiene discos con música de varios lugares del mundo… un día me hace oír danzas árabes y al siguiente estamos especulando sobre un viaje a Francia al ritmo del chanson. Hay tiempos en los que se dedica exclusivamente a retar personas por internet en tetris mientras escucha una tarantela. Esos días la detesto, casi no me presta atención, intento crear una conversación sobre libros que le presto; pero en segundos me responde la trama, me dice cual es su personaje favorito, que yo me parezco a tal poeta, me habla de los signos… en fin, me responde rápidamente pero consistente; únicamente para seguir jugando con extranjeros en la computadora. Entonces me siento impotente, ¿para qué me necesita Amalia? Sabe andar por su cuenta… ¡Qué la posea ahora quien quiera!

(6)

“Aún no es demasiado tarde”

¿Qué hace Lucio en mi casa?, Mira hacia la calle; se esconde como una rata, como si no quisiera que alguien supiera. ¿Supiera qué? Entro a la sala y le pregunto a Laura acerca de la visita inusual de Lucio. ¿A qué vino?
Me responde: “Es tú amigo, ¿no?... ¿tiene algo de raro que desee visitarnos?’”
La miro con una expresión severa, por supuesto que no vino a “visitarnos”. Laura ¿qué he hecho? ¿Acaso te he perdido? Laura, ¡mírame por favor!, ¡grítame para que te acompañe a cenar!, ¡enójate conmigo siquiera! ¡Déjame abrazarte Laura!

-Me estrujas Raúl.
-Perdón, no quería lastimarte. Es que hay veces en que quisiera adherirte a mi cuerpo.
-Estas loco… pero me gusta cuando no te reprimes.
-¡Oye! ¿Sabías que los brasileños compraron tu telenovela? Eres famoso.
-Eso no me importa, sólo tú me interesas. ¿Quieres salir al parque conmigo como cuando éramos novios?
-Pero los niños…
-Es un rato, no tardamos.

Arranco una flor roja del parque y la enredo en tu cabello; una leve luz nos ilumina mientras pequeñas gotas caen sobre nuestros rostros. Abres la sombrilla naranja y arrimamos nuestros cuerpos muy juntos para no mojarnos. Al caminar de regreso a casa, observo los televisores de una tienda departamental. Cesar Eduardo besa a María… “María ámame, nunca quise lastimarte”. Fade-out, así termina un capítulo más de la telenovela, mañana otras cosas sucederán.

"Almandarina"
Frustracionlandia, Yucatán

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