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domingo, 28 de febrero de 2010

Desde algún balcón

Cuando Ana despertó todavía era de noche. La ventana del balcón estaba abierta, y de la calle llegaban los esporádicos ruidos de motor de los trasnochadores vehículos. Se había dormido en el sillón, con la mano empapada en sudor, sujetando el teléfono inalámbrico. Ya no había llamado y ya no llamaría. La idea la angustió.
Hacía calor. Salió al balcón para despejarse las ideas. ¿Cómo había sucedido? Tan sólo podía recordar los gritos, el portazo, las inútiles llamadas a su celular. ¿Cuál fue el motivo? El calor y el sueño no le permitían recordar demasiado bien. Qué más da, seguramente fue una tontería por esas que discuten siempre. Salvo que esta vez se había ido. Y para no volver.
Siete pisos más abajo, el tránsito se había calmado. Solamente cada tanto, algún taxi rompía el silencio montevideano. Ana miró hacia arriba y distinguió una o dos estrellas. Era una pena. Recordaba cuando de chica visitaba la estancia de su tío en el campo y se quedaba toda la noche tirada en el pasto observando el negro cielo tapizado de millones de puntitos blancos, mágicos.
Ya algo más despierta, consiguió recordar el motivo de la discusión. ¡Claro! Se avergonzó de sí misma por pensar que había sido una tontería. No lo era. Era nada más ni nada menos que ese enorme peso con el que había cargado desde la adolescencia, aquello que por las noches le quitaba el sueño y sólo se consolaba buscando aquellos tiernos, cálidos brazos que tanto amaba y tanta seguridad le daban a Ana; los mismos que hace unas horas cerraban de un portazo la puerta de su apartamento. Agachó la cabeza. Su cobardía le había hecho perder para siempre al amor de su vida.
Porque estaba segura que era el amor de su vida. No era cosa que lo supiera desde el comienzo de la relación, hace ya muchos meses, sino que era algo que sabía desde hace unas semanas. Recordaba a la perfección cuándo sucedió. Había sido luego de haber ido al teatro a ver ópera. Ana amaba la ópera. Le llenaba el cuerpo de una enorme satisfacción, le hacía sentir como nueva. Al salir, volvieron al apartamento caminando de la mano, haciendo caso omiso a las miradas de los de los demás transeúntes.
Una vez en el apartamento, se amaron como nunca antes. Esa noche se sentían diferentes, Ana se sentía diferente. Y fue entonces, entre esos cálidos y tiernos brazos, que Ana se dio cuenta que había encontrado al amor de su vida. Y ahora se había ido.
Suspiró. La noche montevideana la consolaba con una fresca brisa otoñal.
No era la primera vez que discutían sobre aquél tema. De hecho, había sido un tema recurrente en todas sus relaciones de pareja, sin excepción. Pero esta vez le dolía mucho más, porque creía haber encontrado al amor de su vida.
Y eran entendibles los enojos de sus parejas. La cobardía, el temor al qué dirán le impedían presentar a sus parejas frente a su familia, frente a su círculo de amigas de la infancia más que cómo una nueva amistad. La gente hablaba a sus espaldas y ella lo sabía. Es que no tenía otra opción. ¿O sí la tenía?
Sin más compañía que la brisa primaveral, Ana comenzó a rememorar los momentos vividos juntos. Sonreía. Tantos segundos de felicidad, de placer… ya no quedaban más que recuerdos. Ya no volvería a suceder, se había ido para siempre.
Sus ojos se le humedecieron. ¿Por qué había sido tan estúpida? Era lo que más quería en su vida, y ella lo había echado todo a perder. Miró hacia abajo, las grises baldosas montevideanas se le antojaban seductoras. Cerró los ojos y sintió la brisa primaveral, el viento de la noche montevideana en la cara. Se creyó liviana, libre. El placer inundó su cuerpo, como aquella vez en la ópera. Pero esto era mejor. Sencillamente incomparable.
Mientras caía, recordaba la noche en que fueron a la ópera. Cuando acarició su suave cuerpo, cuando besó sus firmes senos, su largo y sedoso pelo. Sonrió. Aquella noche descubrió que lo amaba y ahora se había ido. Ya nunca sería abrazada por esos cálidos y tiernos brazos que tanto amaba. Las baldosas, grises y seductoras, fueron a su encuentro.

Francisco Díaz
Paysandú, Uruguay

lunes, 15 de febrero de 2010

Amigo in-visible y poderoso


Hace algunas semanas recibí la visita de un amigo que hacía tiempo no sentía, claro que de vez en cuando llegaban noticias suyas, uno que otro rumor que al poco tiempo se desmentía o confirmaba.


Ahora que estuvo aquí me hablo de muchas cosas, de sus viajes en Sudamérica, de los meses en Europa; yo le conté de mis trabajos, de mi familia, de mis otros amigos, de cómo me va con mis padres, de mis preocupaciones y de mis anhelos.


Él, como siempre, escuchó paciente y atento, de repente soltaba una carcajada inevitable o una risa simulada pero comprensiva. En otras ocasiones me gritaba celebrando mis aciertos y siempre me miraba marcando mis errores y con una palmada en la espalda me ayudaba a corregirlos.


Hacía tiempo que no lo escuchaba, que no lo sentía como en estas semanas pasadas. Temprano por la mañana, mientras preparaba el desayuno me contaba de su viaje de la noche anterior que apenas había terminado.



Me deleitaba sentir su frescura en mis mejillas y también como acariciaba mi cabello.


Cuando por la noche, después del trabajo volvía a casa caminando me acompañaba todo el trayecto y platicábamos de cómo había estado la jornada. Él siempre dando recomendaciones, sugerencias de que debería cuidarme mejor, que debería cambiar de trabajo, que ya le presentara a mi novia, si es que ya tenía una, etcétera.


También me invitaba a dar la vuelta por la noche corriendo con él, yo en el auto, y él a mi lado y detrás, a veces rebasándome y otras dejándome tomar la ventaja. Cuando estaba yo muy cansado sólo me acompañaba a casa para poder cenar y al acostarme se quedaba a mi lado para contarme al oído las historias más fantásticas que alguien pudiese imaginar. Ya tarde por la noche y yo estando dormido, las susurraba por debajo de la puerta o por la rendija de la ventana entreabierta. Me contaba todas esas historias ocultas y desconocidas de la humanidad, esas que de haberlas contado a otro ser humano no habría entendido; y habrían causado sobresalto y terror por las noches. Pero no es así en mi caso, a mí me gusta que me diga al oído todo eso que él sabe, todo eso de lo que se entera en sus viajes por el mundo, y claro, he de admitir que hay historias que no entiendo del todo pero aun así me gusta que me las cuente.


Cuando yo le cuento como me siento él siempre me empuja hacia donde debo ir y me muestra lo que debo hacer, o me frena cuando siente que me estoy equivocando de ruta. Siempre me dice cosas que me ayudan a ordenar mis ideas, cosas que me ayudan a relajarme, que me tranquilizan.


Sé que hay gente que no le hace caso, me lo ha dicho, otros no conocen su poder o más bien no lo toman en cuenta. Pero yo lo he visto y no le tengo miedo. Me gusta tener un amigo tan poderoso…


A mí me gusta sentir el viento, el poder del viento.


"Giac"México,
D.F.
mail de contacto: jjfgyc@hotmail.com

martes, 9 de febrero de 2010

El Salvador busca un salvador

Para la musa,
para esas palabras dulces
que salieron de esos rojos labios
de forma natura en la naturaleza
Tristian Tzara.
¡Salud!
¡Brindemos por lo que vendrá!
Por el mundial y la buena fortuna,
Por el dinero y los próximos equipos,
Por mi futuro fichaje en equipo europeo,
Por mis negocios fructíferos y
Por trabajar en el mejor de los negocios.

¿Qué es lo que sucede?
¿Dónde está todo?
Los goles y los aplausos
La afición y la fama.
Perdidos se encuentran
Al igual que mi futuro,
Al igual que mis líquidos.

Yo era,
Yo daba,
Yo firmaba,
Libretas, camisas, balones
Y hasta pantalones.
¡Yo anotaba!
¡Yo pasaba!¡Yo driblaba!
¡Yo emocionaba!

Mi nombre era significado de gol

Cambiaba el marcador,
Hacía magia,
¡Hacía jugadas!

Joder, joder, joder,
Joder, joder, joder,
Joder, joder, joder
¡Hacía gol!
¡Era bueno!Y hasta seleccionado nacional.

No sólo ayudaba
¡Salvaba el partido!
Metía goles, Encantaba a la afición
Y ellos me cantaban.

Salvaba partidosY también a la fanaticada.

¿Por qué estoy aquí?
¿Por qué no dormí temprano?¿Por qué no fui a otro lugar?
Tantos motivos por cambiar,
Tanto que rumiar,
Tanto que no hacer, ¡Y que hacer!

Tantas acciones
Que modificar,
Para no llegar a este resultado,
A esta imagen, ¡a este piso!

De la cabaña salí,
Hoy en una mansión habito,
¿Cómo acostumbrarse de nuevo a las cabañas?

Salvé la campaña,
Salvé al equipo,
Salvé a la plantilla,
Y al Director Técnico
También.

¿Hoy quién me salvara?

Yo sólo jugué,
Me divertí,
¡Y cobré!

Me golpearon con hielo,
En el campo perdimos,
La afición de visitante me odia,
Pero hoy las voces se unen.

Joder, joder, joder
¡Hacía gol!
Luchar, debo.
¡El más importante de mis partidos!¡El juego primordial!

En la dimensión, donde soy energía
He escuchado, se sienten,
“Ojala y Dios quiera nos deje un rato más a Cabañas”
Miles y miles piden,
Desean interceder a Dios
Por mi existencia carnal.

Femeninos deseos regios,
Masculinos apoyos.
Energía asexual.

Miles y miles,Conocidos y desconocidos,
Unen sus fuerzas, sus ganas,
Sus deseos,
Energía que pide humildemente.

Miles y miles,
Están afuera,
Velando y apoyándome,
Como cada domingo.

Escucho, siento
A una regia pedir,
Expresiones de dulzura:“Mi Cabañas,Mi Cabañas que Dios te ayude,¡Fuerza Cabañas!”

Luchar, luchar
Debo de dar mi mejor esfuerzo.
De seguir luchando.
Pues juego el más importante partido.
No debo, obtener mal resultado.
La magia debe salir de mí.

Salvé la campaña,
Salvé al equipo,
Salvé a la plantilla,
Y al Director técnico
También.

¿Hoy quien me salvara?

Era salvador,
Soy bueno con el balón.

Era salvador,Y deseo seguir
Siendo Salvador


Jesús Christian Bustos
Monterrey, Nuevo León.

Tempos fugit

En el silencio del cuarto cada beso era perfecto. El reloj marcaba las 18:15, desde el día de ayer que sucedió el accidente no había estado con ella a solas. Un mar de sombras y rostros se arremolinaba a su alrededor cada 15 minutos: manos que estrechaban, manos que apretaban, sonrisas tímidas, palabras huecas; y él solo. Imposible defenderse de cada uno de esos embistes, imposible dominarlos. Así que no le quedó más remedio que sonreír y calmar a esas sombras, asegurarles que todo estaría bien, que se las apañaría sin ellos; el ritual invertido: él les proporcionaba calma y sustento mientras ellos eran los afligidos y desesperanzados.
La volvió a besar, allí, en el lunar que tiene encima de la ceja. La volvió a besar y apartó el tiempo, lo echo atrás, lo hizo desvanecerse.
Vivió un Mayo de hace 10 años en el que el calor había destrozado los sueños de cientos de dueños de cultivo cuyo lamentar era triste pero resignado. Después de todo, esa es la tierra donde habían nacido y donde deberían de morir. Se les veía caminando en el centro, con sus costales de maíz a cuestas; ofreciéndolos al mejor postor “Es todo lo que me dio la tierra” le dijo uno de ellos con unos ojos rojos y llenos de lagañas.
Mayo no fue un buen mes, a finales, como burlándose de la gente, empezó a llover a cantaros… aquellos que habían plantado su maíz con tiempo de retraso y que tenían fe en el temporal de junio se vieron cruelmente desvalijados de esa pequeña esperanza. Fueron las peores lluvias de ese año. El maíz se ahogo sin remedio entre tanto barro.
En todo el pueblo se respiraba un extraño sopor, era como si la naturaleza se encanijara con ellos, dejándolos después a merced de su tristeza. Nadie lo mencionaba pero el pueblo se moría año tras año y ese acto de Dios parecía ser el golpe final.
En ese extraño periodo de muerte la conoció.
- Ese día tuve el valor de hablarte. Ya antes te había visto, te conocía.
- Mmjm
- Todo fue tan rápido, tan repentino… te hable, me correspondiste; nos deslizamos en el tiempo, huimos de él y sin saberlo en algún punto nos enamoramos y tus padres que tanto me odiaban se fueron de espaldas al saber que nos casaríamos. Y entonces trabajamos y ahorramos y nos distanciamos y mis padres me preguntaban por qué no vivíamos juntos, y yo les respondía que no era cuestión de alarma, que estábamos bien. Y tú y yo nos reconocimos como un par de extraños entrañables y el tiempo casi nos alcanzó. Al menos lo intentó, pero lo perdimos ¿recuerdas? en nuestro quinto aniversario; uno marcado por la tristeza. El divorcio latía en mi mente como algo predestinado, como la solución lógica, y entonces la muerte del abuelo; el abuelo que tanto nos quiso a ambos dio su último suspiro en mis brazos mientras tú conducías nuestro Ford 68 a toda velocidad por las angostas calles del centro. Cuando llegamos al hospital él ya tenía 15 minutos de muerto. Me abrazaste y meciste, y la palabra divorcio desapareció. El último regalo del abuelo. Y te besé aquí, en el único lugar donde a veces el tiempo aún no es bienvenido, justo encima de tu ceja. De eso ya cinco años…

La enfermera irrumpió en la habitación y le lanzó una mirada que indicaba que no debía estar allí; observó el reloj… las 18:20, cinco años resumidos en cinco minutos. El tiempo sin duda se burlaba de ellos; por fin los había alcanzado.
- Te veré mañana.
Habían burlado al tiempo, pero una fría mañana de enero los alcanzó, los embistió. S… caminaba rumbo a la farmacia del parque plan de Ayala; cubierta con su gran anorak, quizá demasiado grande, era imposible distinguir su felicidad. Desde hace tres semanas que su periodo se había retrasado y corría presurosa por una prueba de embarazo. Quienes, media hora más tarde, la llevaron al hospital dijeron que se desplomó de repente, como alcanzada por un rayo; un cuerpo inerte, “espíritu expulsado de la carne” dijo un hombre con más arrugas de las que le correspondía a su rostro moreno de 55 años.
La verdad, pensaba él, es que el tiempo se había cobrado caro el desprecio del que había sido objeto durante largos diez años. “Te veré mañana” se convirtió en un ritual, los días y los meses se aglutinaban sin ocultar su odio hacia ellos, hacia S…, sobre todo hacia ella. Primero fue el aborto obligado, era imposible salvar un ser de apenas un mes; después los músculos atrofiados; y con ello las llagas que reptaron de cada una de las extremidades hasta su espalda. Y entonces regresó, apenas una sombra, una caricatura; pero lo suficiente de ella para encontrar en sus ojos el amor que había burlado al tiempo.
- Mjm, O…
- S…, No hables, todo está bien, estoy aquí a tu lado.
- No siento mi cuerpo… ¿Donde estoy?
- Estás en el hospital, tuviste un derrame cerebral, el doctor dice que has evolucionado favorablemente- Pero él sabia que era una mentira, el doctor le había advertido de un último momento de lucidez antes del fin. Antes de que el tiempo la envolviera y se la llevará allá, en la eternidad. “¿Cuánto tiempo doctor?, ¿Cuánto antes del fin? No podría asegurarle nada señor C…; bien podría ser justo después de recobrar el sentido, bien podría caer en un coma largo. Lo lamento”.
- No, no puedo mentirte. Lamentablemente S… eres del 15 % de las personas que sufren derrame cerebral irreversible…

La voz se le quiebra. La angustia del adiós después de 10 años, con sus altas y bajas, junto a ella lo ahoga, lo viola, lo sofoca. Ella lo mira con esa mirada que acarreaba recuerdos de, de risas, de platicas, de sexo, de amistad, de cariño; de amor; recuerdos más allá de los cinco tristes primeros años de su vida marital, más allá de los últimos resignados cinco. Al final esa mirada le comunica que estar a su lado fue lo mejor de su vida.

- Estar a tu lado, fue lo más bello de mi vida, no llores; veme… estoy aquí, contigo, abrázame… y escúchame. Moriré, moriré y quiero saber cómo, no… quiero saberlo, dímelo. Así… ¿Así que este es mi periodo de lucidez? Recuerdas, ¿recuerdas a Rob?

Lo recordaba, un viejo pastor alemán que estuvo a su lado por ocho años, ocho años hasta que, después de una pelea perdió un ojo. Se escondía de ellos, llevarlo al veterinario era casi imposible, se le curo lo mejor que se pudo pero el médico les advirtió que una herida de ese tipo implicaba muerte casi segura. Ellos, rebeldes del tiempo, negaron esta advertencia; pero el tiempo llegó y anido en el ojo de Rob, poco a poco repto al cerebro, y entonces sus extremidades dejaron de funcionar, su capacidad para retener el vientre y la vejiga cesó y, antes de que el tiempo se hiciera con él, O… lo liberó con un balazo de su calibre 22…

- No, no lo haré S…
- No dejes que lo último que recuerdes de mí sea un cuerpo inerte, no dejes que mi adiós sea el silencio…

No tenía una respuesta para tal petición, la idea de perderla lo abrumaba, pero la idea de perderla en un largo adiós lo hacia desgraciado. ¿Quién era él para tomar la vida de su amada en sus manos? Y entonces ella, conociéndolo como lo conocía, tomó una de las manos temblorosas de O… entre las suyas, y susurró:

- No dejes que el tiempo me arrebate la dicha de decirte adiós, de irme en paz …

Diez años, cinco y cinco, semifelicidad y resignación, ¿Qué eran diez años? Al principio la promesa de eternidad, después el arrebato de las peleas que no llevaban a ningún lado, después la apacible apatía que los mantenía juntos, seres que se revolvían en una casa muy grande para ellos, se escondían, se aislaban, se evitaban; y entonces, en la noche, en su cama, se reconocían y en los ojos del uno y del otro encontraban aquel destello que los ayudo a huir del tiempo, y en ese momento, en esa cama demasiado grande, en ese momento se reconocían como eternos, como unidos y predestinados y lo sabían y se sonreían y…
La besó allí, allí donde los besos son perfectos y ella sonrió y lo besó en la punta de la nariz, allí donde los besos son perfectos, también.
-Te veré mañana

“Ha caído en coma, lo lamento señor C…” Allí estaba él, frente a un cuerpo que contenía prisionera a su esposa; las manos le temblaban, un sudor frío le corría por toda la espalda, pidió a la enfermera que lo dejara a solas y ésta así lo hizo. Le acarició la frente, dibujó con sus dedos cada uno de los contornos que había aprendido a querer. No emitió ni una palabra, no las necesitaba, ayer fue la despedida real. Sacó de uno de sus bolsillos una inyección en la que había 20 cc de aire; desconecto el respirador artificial y le inyectó la yugular. S…, no sufrió, el infarto fue fulminante. El reloj se detuvo a las 18:30 de un día cualquiera de verano.

"M serin"
Morelos, México

miércoles, 3 de febrero de 2010

Sin título----> Título opcional: Crónica de un iluso. (Atte. MG)

Despierto, abro los ojos, veo el reloj, digo groserías, me levanto, voy al baño, voy a la cocina, voy a mi habitación, prendo la tele, desayuno, me visto, salgo corriendo, olvido la cámara, regreso corriendo, salgo corriendo más rápido, espero en la estación del autobús, veo el reloj, el cierre del pantalón se baja por si solo, lo subo, me sonrojo, llega el autobús, se para, abre la puerta, espero a que pasen los demás, subo al final, cierra la puerta sobre mi mochila, reviso la cámara, pago el pasaje, tomo mi lugar, le cedo mi lugar a la señora de la tienda, te veo, me ves, sonrío, sonríes, regreso la mirada a la ventana, leo un comercial, veo un local de comida casera, regreso la mirada hacia ti, me ves, ya no sonríes, volteas la mirada a la ventana, sonríes, regreso la mirada a la señora de la tienda, dice algo, digo algo, repite lo que dijo, repito lo que dije mientras te veo, me ves a los ojos y después ves hacia mi cintura, sonríes, sonrío, pienso en nosotros, pienso en el día que te digo que te amo, imagino el olor de las flores y de tu perfume, imagino la sensación de tus caricias sobre mis cicatrices, te veo rodeada de familiares con un anillo en tu dedo, nos veo sentados en un palco escuchando a Ravel, hago caras mentales de tus padres y tus hermanas y hermanos, nos veo acostados en el pasto de un campo verde y fresco, nos veo viejos sonriendo hacia el atardecer de nuestras vidas, regreso a la realidad, te paras de tu asiento, sigues sonriendo, presionas el botón, apuntas con tu dedo hacia el cierre de mi pantalón, el cierre volvió a bajar por si solo, me sonrojo, se desvanece el sueño, regreso la mirada con la señora de la tienda.

"gEEEERa"
Guadalajara, Jalisco, México.

lunes, 1 de febrero de 2010

Agua y Jabón




El señor Román Esmerado contaba con un armario repleto de camisas que jamás habían visto la luz del exterior; probablemente sólo tenían memoria de cuando formaron parte del inventario de alguna tienda departamental o bodega. Tal vez, de uno entre los 65 cumpleaños en el que Don Román las recibía entre sus brazos y modelaba con galanteo a sus familiares y amigos la prenda, que exclusivamente sería tocada por los ojos humanos esa milagrosa vez.
Los amigos le preguntaban a Don Román por aquellos regalos que tanto esmero y dinero (sí, sobre todo dinero) costaron. ¿Donde esta la bonita camisa de rayas azules que te regalé?, era la pregunta que todo conocido del señor Esmerado tenía la obligación de reproducir entre el meollo de cogitaciones. ¿Porque siempre traes esa playera rosa? era parte del repertorio de sus familiares. Las respuestas merecían asomarse junto a los enigmas oscuros y sorprendentes de la historia universal.
Y ocurrió lo impensable, Don Román iluminó a la señora Pastora con la respuesta más buscada durante 65 años.
- Román, ¿qué no le gustó la camisa amarilla que le regalé?
- ¡Ay, Pastora! Pasa que tengo un gran problema.
- No me diga que se la robaron.
- Nada de eso, verá...no encuentro detergente para lavarla.

¿Qué?... ¡No encuentro detergente para lavarla! Una brizna comparada con un elefante, la luna, el sol, la vía láctea o hasta el universo. Bueno, exageré, tampoco hay que comparar la inmensidad con lo pasajero. “En la etiqueta vienen las indicaciones”
Don Román entró a su casa conmocionado por la respuesta tan directa de la señora Pastora. No porque fuera algo que no formara parte de los conocimientos básicos de todo Homo Sapiens Sapiens, por algo Neardenthal no es. Si las instrucciones vinieran en todas las etiquetas de las camisetas, no tendría ciento veinte prendas hacinadas en su guardarropa.
Anselmito, un loro cabeza amarilla; fiel compañero del señor Esmerado, miraba a su dueño con bondad. La preocupación deformaba el rostro de Don Román y él no podía estar ahí detenido sin decir palabra alguna. Una de las características de los loros cabeza amarilla es la fama de buenos habladores, la misma naturaleza le pedía que ilusionara a su amo. “AGUA Y JABÓN”. Don Román giraba su ansioso rostro a la jaula de Anselmito. ¿Qué has dicho? “AGUA Y JABÓN” repitió el loro. Román Esmerado en la vida enseñó a su loro cabeza amarilla esa frase. ¿Cómo era posible? “AGUA Y JABÓN” otra ves las mismas palabras del pico de Anselmito. Y para rematar guiñó el ojo derecho. Así es, el loro cabeza amarilla, un pájaro que no mide más de 40 cm había dado la sentencia final. “Sabiduría de loro”, caviló Don Román. Debía tener razón, pues es bien sabido que los seres pequeños son grandes expertos. Al menos Doña Pastora siempre predica esa letanía.
Don Román Esmerado ya podía abandonar el Malvestiti, su segundo apellido, y ahora vestirse con las ciento veinte camisas aún sin estrenar que permanecían guardadas como si fueran parte del tesoro de un pirata. Lo único que le preocupaba ahora, era como le haría para almidonar tantas camisas.

"Almandarina"
Mérida, México

Al igual que cada año

Me levanté silenciosamente de mi camita. Si mis padres llegaban a oírme todo se echaría a perder porque, por más que viviésemos un pueblo muy tranquilo, me imagino que no les hubiese agradado verme a salir de la casa en la madrugada, ya que yo apenas contaba con 8 años. No es que yo fuese una niña mala y me gustara desafiar la autoridad de mis padres, pero debía ver a mi amigo Ted, quién, como cada Halloween, paseaba conmigo hasta el lago cercano a mi casa. Él me había hecho prometer que cada año recorreríamos ese sendero juntos y, como era mi mejor amigo, yo no faltaba a mi palabra.
Me puse el primer abrigo que encontré, y salí por el corredorcito que comunicaba mi cuarto y el de mis padres, con la cocina. Al pasar al lado de la pieza de ellos, me detuve un momento para verificar que no me hubiesen oído, pero como siempre desde hacía dos años, cuando mis escapadas habían empezado, ellos dormían profundamente. Estaban exentos de cualquier preocupación.
Atravesé la cocina en un santiamén. He de aclarar que dudé unos momentos frente a la puertecita que daba al jardín, ya que, la verdad sea dicha: nunca me habían agradado esos paseos nocturnos, porque era una niña asustadiza...aunque, también, bastante inconsciente.
Suspiré resignada y, al fin, abrí la puerta.
Ted ya estaba en el patio. Llevaba el mismo disfraz de hacía dos años, aunque ahora estaba un poco más gastado. Consistía en un trajecito blanco y negro, y una capa larga; lo que sugería que la idea del chico era parecer ‘Drácula’. Ted estaba pálido, y su cabello y ojos negros lo resaltaban de tal manera, que era difícil pensar en un disfraz más acertado que ese.
Le sonreí y lo saludé con la mano. Cuando caminé hasta su lado noté que estaba descalzo, con sus blancos piececitos sobre la tierra; rasguñados y magullados.
-¿No tienes frío?
-No – dijo él- ¿Vamos ya? – agregó y, sin esperar a que yo respondiese, se dio vuelta y encaro el camino que salía del patio de mi casa hacia las calles de tierra del humilde pueblecito.
Yo le seguí.
Mientras caminábamos, uno al lado del otro, pero separados más o menos por un metro de distancia, yo noté lo desierto y frío que estaba todo. No había ni un alma fuera de sus casas. Solo yo y Ted. Por más que agudicé mi oído no pude oír ningún animal u insecto moverse, solo el aullido del viento, pero hasta eso me pareció sonar lejano e irreal. Era como si el tiempo se hubiese detenido a nuestro alrededor.
-¿Por qué en Halloween? – le pregunté, de repente. Él estaba mirando hacía el lado opuesto, así que entonces volvió su carita pálida y algo magullada hacía mí, y exclamó:
-¡¿Qué, tienes miedo!? – lo dijo con una voz y sonrisa picaras, pero la alegría no parecía llegarle a los ojos.
-No, –mentí- es solo que me preguntó porque esta fecha en especial.
-Es la apropiada... –luego comentó, mirándome con ojos incrédulos:- ¡Has crecido!
Era verdad, yo había crecido bastante y ya le llevaba casi una cabeza y media de altura.
-Si, –asentí- mamá dice que me estoy convirtiendo en una hermosa damita. –agregue, orgullosa-
-Y es cierto –concordó Ted. Luego calló unos segundos. Ya estábamos bastante cerca del lago y él empezó a caminar más lento: – Serás una hermosa dama. –concluyó, con una seriedad al hablar, poco creíble en un niño tan pequeño.
Cuando llegamos frente al laguito, él se dio vuelta hacia mi, yo hacia él, y ambos nos miramos unos instantes, en silencio. Yo no quería hablar, porque estaba segura que rompería a llorar en cualquier momento.
-Bien, Beth, nos veremos el próximo año ¿Cierto? – me preguntó, acercándose más a mi. Yo asentí, segura de que las molestas lágrimas ya estaban bajando por mis mejillas.- ¿Me lo prometes? – insistió-
-Lo prometo, Ted. –Dije yo, secándome las lagrimas con las mangas de mi camisón y mi abrigo-
-Beth... si las cosas hubiesen sido diferentes, ¿Te habrías casado conmigo al crecer? – inquirió el niño frente a mi, y su voz sonó tan lejana que yo estuve segura que no nos quedaba mucho tiempo...
Así que lo abracé. Lo abracé pese a lo helado que estaba su cuerpecito; pese a mi impresión de que podría mancharme con la sangre de sus heridas, las heridas que las rocas le habían provocado; pese a todo... Lo abracé y el me abrazó, y entre llanto logré susurrar:
-¡Por supuesto que si, Ted!

Luego de unos segundos, ambos nos apartamos y, él, con la mirada perdida y apagada que tuviese desde hace dos años, se dio la vuelta y empezó a caminar rumbo al lago, mientras yo me quedaba observándolo.
Cuando sus piecitos descalzos tocaron el agua, Ted hizo una especie de gesto con el brazo despidiéndose, y gritó: “¡Feliz Halloween, Beth, te veré dentro de un año!”. Luego rió, con esa risa dulce de niño de eternos seis años. Él no crecería ya, pero al menos podría verme crecer, podría estar conmigo. Aunque fuesen sólo unos minutos; una noche al año.
Entonces, poco a poco, se adentró en el laguito. El lago en el que había nadado y del que no había podido salir, aquella noche, hacía dos años ya, cuando yo también tenía seis.

Mariluna Irigoyen
"...¿Plutón?..."

jueves, 21 de enero de 2010

Vida

¿Por qué carajos tenías que arruinar mi día? Estabas allí, tan silencioso, tendido cuan largo eras; con la mirada fija en ningún lado; la boca abierta ahogando un grito que jamás llegaría; muerto. Miré a diestra y siniestra pero nadie más te notó.

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzNo es justo.

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzNadie más te vio; a nadie más molestaste.

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzCiclista, sí…eras ciclista.

¿Te atropellaron? No vi sangre alguna, huesos rotos, nada… es más ni tu bicicleta. Te asaltaron y te resististe ¿verdad? Pero donde está la herida de bala o la puñalada característica de los ladrones de mi ciudad. No hay nada. Seguro fue un infarto, sí te ves en excelente forma, demasiada diría yo. De seguro eras de los que recorrían 4 o 5 kilómetros sin importar el tiempo. Está vez te equivocaste, estamos a 45 grados a la sombra; sólo a un verdadero suicida se le ocurriría hacerse el sano en un día como hoy.

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzEl mundo sigue girando

Solos, tú y yo en una danza bien sincronizada y harto macabra: no existimos para nadie más. Se ha creado un círculo a nuestro alrededor, hay gente pasando, los autos no se detienen e incluso aúllan con voces chillonas para instar a sus homónimos a no parar; de vez en cuando se asoma de las fauces de esas bestias una cara (la misma siempre) que nos observa con ojos como huevos ahogados, ojos que se derriten, que se llenan y vacían de vida en segundos. Sí, la vida los inunda cuando saben que no son ellos quienes yacen tirados a un costado de la calle; y se vacían por que saben que al menos tú ya estás libre de todo karma…

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzTus zzzzzzzOjos


zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzTu nariz

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzTu
zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzBoca

Ya nada de eso me parece humano, eres una cosa deforme y monstruosa… y tan parecida a mí que no lo soporto… cierro tus ojos. Al hacerlo te vuelves un bulto, algo caído y estorboso pero nada más. El círculo se rompe, la gente se acerca corriendo, los autos se detienen, las madres jalan a sus niños mientras estos se resisten, se escucha una sirena a lo lejos y yo, yo me alejo cargando tu mirada conmigo, llevando a la muerte en mis hombros, carajo… me has arruinado mi día.

"M serin"
Morelos, México

martes, 12 de enero de 2010

La chica sin edad

No había pasado mucho tiempo desde que la conocí para cuando descubrí que ella no tenia edad, a decir verdad, las últimas semanas me rondaba la sensación de que por algo conocería a una chica sin edad, si me esfuerzo un poco más en recordar, mi memoria se aclara como saber que poco a poco el verano sigue su paso hacía el otoño, así recuerdo aquel día.
El sol se ocultaba lentamente, eran las 8:30 p.m. aproximadamente, entre nosotros la mesa del establecimiento donde nos encontrábamos y un par de helados, uno de chocolate y otro de zarzamora. Ella, que estaba sentada a mi lado, causaba que la gente que transitaba por la calle frente a nosotros, fuera cada vez más difícil de percibir, no podía darme cuenta del entorno, aquel lugar se desdibujaba a sí mismo en tiempo paralelo, deje de pensar en los demás para contemplar lo que mi mente pedía, pensaba en ella, en su mirada (aún teniéndola enfrente).
En la antigüedad la gente comentaba que existía un poder sobrenatural que se generaba cuando una persona pensaba en otra, un poder tan fuerte que era capaz de mover una isla, seguro que hubo tiempos donde aquello era real, incluso he llegado a creer que soy capaz experimentar tan extraño poder, por un momento creo que poseo la fuerza de aquellos hombres durmiendo en mi interior.
Despertó, en ese momento no sabía si en algún punto de la tierra una isla estuviera moviéndose, pero aquel poder del que hablaban en la antigüedad también era capaz de poder hacer desaparecer a la gente, de repente nos quedamos los dos solos, lo increíble es que no me sentía confuso, porque, en cierto sentido, eso me parecía más real que cualquier otra cosa, así que decidí dejarme llevar. Experimente por completo aquel poder antiguo, nadie nos observaba, nadie estaba alrededor, me sacudió una realidad cegadora, noté como un deseo de naturaleza desconocida brotaba desde lo más hondo de mi interior, me sentía como un niño y ella a mi lado jugaba como si supiéramos que nada más debía importar, tal vez dibujamos bigotes de chocolate o no dejábamos de reír, que más importaba. Al abrir los ojos por unos instantes tuve conciencia de existir, me di cuenta al tocarme con la mano derecha que mi labio estaba cubierto de chocolate, ella a su vez sonreía también cubierta de helado, miré a mi alrededor, la gente estaba allí de nuevo, seguían con sus vidas, mientras nosotros jugábamos con el resto del helado como si se tratara de deshacer el tiempo.
Abandonamos la heladería poco después de que el sol se ocultara, después decidimos irnos caminado a la fiesta que unos amigos habían organizado, esa misma noche, no muy lejos de allí. Mientras caminábamos sobre nosotros las estrellas parecían minutos parpadeantes de un enorme reloj en forma de cielo, lo era, lo que me recordó la hora y que tenía que buscar un teléfono público, ya que tenía que hablar a casa para avisar que esa noche después de que todo terminara, llegaría un poco más tarde de lo previsto, entres mis planes estaba pasar el mayor tiempo posible con ella, así que me ofrecí a llevarla a su casa después de la fiesta. Realicé la llamada sin ningún inconveniente. Teníamos tiempo de sobra hasta que ella tuviera que partir, así que decidimos seguir caminando, los carros que pasaban a nuestro lado parecían un hilo de agua continuo sobre la calle. Al llegar al cruce de las calles que nos conducían hasta la casa de la fiesta, se alzaba al una fuente recién remodelada en el centro del camellón, el alto del semáforo detuvo nuestros pasos, justo al lado de la misma, mientras esperábamos el siga del semáforo, el silencio mezclado con el sonido del agua y el paso de los carros me hizo pensar en el tiempo, en las horas que estábamos compartiendo, no quería que lo noche acabara.

- Sabes, me gustaría que no tuvieras edad -dije mientras mi vista buscaba la suya.
- Pues no la tengo -. Su voz sonó tan natural que al verla a los ojos, cuando encontré su mirada, me di cuenta de que no estaba mintiendo.
- ¿Y yo, tengo edad?
- Si tú quieres y piensas que es de esa forma, será de esa forma.

Aquella noche descubrí algo que los antiguos nunca supieron, un misterio que se encuentra más allá de mover islas o hacer desaparecer gente, cuando dos personas se piensan al mismo tiempo, piensan en la misma cosa, pueden causar que del tiempo permanezca en un recuerdo sin duración, esa noche conocí a la chica sin edad.

La fiesta esperaba, pero nosotros nunca llegamos, la noche dentro de la fuente nos condujo la isla que posaba ya sobre sus aguas.

"Samuel Aroche"
Guanatos, México

viernes, 8 de enero de 2010

El cielo (parte 2)

De manera conveniente a solo unos metros de distancia se encontraba una gasolinera con un restaurante, muy parecido a los que el joven veía en las películas estadounidenses en las que los conductores de tráiler acostumbraban desayunar. El nombre del lugar era "El Cielo" probablemente debido a la cercanía con la población del mismo nombre, los pasajeros entraron al restaurante y el joven se limitó a entrar al baño a lavar su cara, notó un agradable aroma a zarzamoras mientras usaba el lavamanos, al salir del baño se dirigió hacia una mesa, en seguida se le acercó una mesera que le recibió con un "Buenos días, mi nombre es Martha" el joven no necesitó ver la carta ya que al entrar vio un pizarrón con el menú y los precios, le dijo "Buenos días Martha, ¿podrías traerme el desayuno?", la mesera le dijo "Te traeré lo mas rico del menú" y mientras sonreía caminó hacia la cocina tan rápido como el paso lento la pudo llevar.

El joven miró alrededor, sintió una tranquilidad enorme, solo al estar ahí notó que los colores del lugar combinaban con el camino de piedras de la entrada, que todos los empleados del restaurante bromeaban entre ellos mientras trabajaban, los asientos eran los mas cómodos que había conocido en su vida, la luz matinal se asomaba entre dos colinas que se encontraban en lo mas cercano al horizonte desde ese punto, los arreglos de cristal en las ventanas causaban un efecto de kaleidoscopio sobre la sala y al llegar al espejo de detrás de la barra inundaba la otra mitad de la sala con una cascada de colores que cambiaban al ritmo que el viento bailaba con los arreglos de cristal. El joven quería empezar a escribir un diario al bajar del camión pero la belleza del lugar le impidió recordar lo miserable que se había sentido horas antes cuando abordó el autobús sin dirección y sin compañía.

El joven deseó con todo su corazón quedarse ahí para siempre, que la lógica abandonara toda razón y que le permitiera permanecer en ese asiento por el resto de sus días, saboreando esa extraña felicidad que jamás había experimentado antes. Después de poco tiempo el conductor del autobús regresó, avisó a los pasajeros que ya podían retirarse, todos los pasajeros apresuraron el paso excepto por el joven, cuando se encontraba de nuevo en su asiento de autobús vio por la ventana como se alejaban de "El Cielo", alcanzó a notar los juegos de luz producidos por el efecto de los arreglos de cristal, miró a su alrededor y notó que en el autobús nada había cambiado, los demás pasajeros no notaron la belleza del lugar.



No percibieron la magia.



"gEEEERa"
Guadalajara, Jalisco, México.

jueves, 7 de enero de 2010

LA IRA

Había estado en pendiente, que las mujeres del pueblo empezaran con los adornos para la fiesta. Muy pocos de los adentrados en el campo, sentían alegría por el suceso. La hija de Chava, Sarita, tenía que unir lazos con un extranjero; extranjero botudo y de muy mala alma, decían las García, dos señoras que en puro chisme se les va la tarde; creerles no me costará.

Iba en tientas, el padrecito, a propagar las últimas para el arreglo del recinto. Una ceremonia que era pura, más pulcra (debía de notarse por los colores), pero he de ahí cuando de bruces al suelo se fue; cuando notó que la mismísima Sarita, se hallaba boca abajo, rodeada de un buen charco de sangre.

"Es que el botudo bien que no la quería, le hizo que la virgen pidiese de su ausencia en la tierra"
"Yo oí por ahí, que le dio un buen balazo, por que no quiso darle su flor antes de tiempo"
"Pa mí que el botudo sólo la quería pa distraerse, pues que se toma, matándonos a nuestra chiquita"

Todo era una cadena de chismes y de palabras cruentas, pero nadie daba razón. Apenas cuatro cuartos de hora, y el padrecito en sí volvió. Tirose de su Biblia y saliendo con rabia en los ojos (más graznidos un cuervo no puede dar), y el padre así grito:

"¡Ése pecador mundano, que profano el cuerpo de esta niña, encuéntrenlo o de Dios en manos de ustedes, caerá justicia, limpia y buena justicia!..."

Bien me cuentan, que llegando a lo que se suponía ser la nueva casa de la pareja, estaba con las puertas a medio guante, como si la hubieran dejado abierta por un buen rato. Hasta el viento ya la azotaba contra paredes, y las cortinas, estaban puestas, como si estuvieran durmiendo y de la luz del día no quisieran ver. A cuatro pasos de la entrada, el cuerpo tirado del botudo, como vil res atropellada, con un agujero en la panza y otros cuantos en la marrana. Pareciese que le quisieran sacar la sangre por hoyitos, ya casi casi por la cabeza, le salía la moronga.

"Que se nos adelantaron, y mataron a este pinche puerco"

Decían en bola los jefes, ya bien puestos con machetes en manos, y con harta sangre caliente hasta por los ojos.

"¡Hay que quemar esta pinche casa, pa que vean que si tenemos pantalones!"

Y ya ahí iban tres morenazos botijones, con las brazas pa quemar hierbas y aventarlas pa dentro, cuando el alma en seco les hizo vuelco, y al Chava encontraran muerto. Muerto bien muerto, por que la parte de abajo de la boca le faltaba, y un plomazo bien metido, entre los ojos del peregrino.

"Ay cabrón dios me socorra, que hay matanza en este pueblo"

Y así pasaron cinco rosarios, cuando en el sexto se apareció una muchachita. De esas que se ven bien comiditas, pero guapas guapas, hasta con rubor en las mejillas. Hasta pareciese que la hubieran hecho a mano. ¡Ay guey! Bonita la muchacha, hermano.

Pero cuando se dirige hacia la iglesia, volteando ella con desdén. Como si miedo le diera que la vieran, pero pues en el pueblo no hay así, ¿quién chingados no la iba a ver?

Postrandose en las puertas de la casa del señor,temblaban sus piernitas que descubiertas iban, pero no de frío, ya que es verano, chance y la niña, de las costas ha llegado. Pero fue bien raro, te cuento, por que entrando a los confesionarios, urgentemente habló de un muerto, y de otros dos que se le cruzaron.

Ya no supe más de ahí, puesto que se le mató solita al padrecito, ahí en el recintito de confesión, puesto que yo oí, ella, atacó vil y a traición. Era mujer del botudo, desde el otro lado había llegado. El botudo bien sabía, que estando casado, en otra muchacha se había fijado. Bien dicen por ahí, no te metas con mujeres malas, yo que sepa quedó ahí, pero las muertes quien no las paga.

Yo me voy ya pa'l arado, por que yo no quiero ver mujeres, ya parece que en este pueblo, puros maricones viviesen.

"Usuario"
Defeño, plutoniano.

El cielo (parte 1)

Una vez un joven viajaba en autobús, no sabía hacia donde se dirigía ni por qué viajaba, no es que tuviera dinero de sobra como para "tirarlo a la basura" en un viaje sin significado alguno, tampoco se trataba de una de esas situaciones donde el estrés citadino nos orilla hacia alguna válvula de escape (para algunos un viaje, para otros disparar desde el techo de un edificio); el joven viajaba sin razón y sin dinero hacia un lugar que ya conocía y que seguramente no le traería ninguna sorpresa.

Pasaron dos horas, durante esas horas leyó dos poemas que jamás pudo descifrar, visitó el baño dos veces, dibujó dos fantasmas y una carita feliz en el vidrio usando la condensación como lienzo y el dedo como pincel; salió de pesca de amistades usando su sonrisa como carnada y su mirada como caña pero nadie en el autobús le regresó la mirada. Notó que la gente a su alrededor si tenían a donde ir, si tenían dinero, tenían compañía y al parecer sí necesitaban una válvula de escape a su vida citadina, el joven imaginó como debía ser la vida de las personas que se encontraban en su campo visual, pensaba "este seguramente trabaja en oficinas, asciende apuñalando por la espalda a los demás" después decía "esa de allá seguramente trabaja como ingeniera en una empresa de computadoras y está harta de estar rodeada por nerds" y "esos de ahí son estudiantes y en cuanto bajen del autobús buscarán drogas".

El joven de repente sintió movimientos extraños en el camión, muy parecidos a la vez cuando tenía 7 años y subió a la rueda de la fortuna con su primo, y el juego mecánico sufrió un percance y tuvieron que estar más de 40 minutos en la parte más alta sin poder hacer nada más que esperar; el joven sonrió por la similitud de su reacción comparada a aquella vez y sintió un movimiento brusco de parar en seco, el chofer dijo "necesitamos gasolina y cambiar una llanta, pasajeros por favor bajen del autobús".

Continuará…
"gEEEERa"
Guadalajara, Jalisco, México.

Las Hormigas


Pero el cenicero puede ser en muchas partes –pensó- . Solo un montón de puchos a medio terminar, se dijo mientras dejaba caer la ceniza del cigarro en cualquier parte. En la habitación has construido muchos de ellos, como pequeños hormigueros regados por diez o quince pies a la redonda, bastiones de esas tus hormigas, las que hoy se retiraron a descansar.

Y no hay veneno…
Y no hay veneno…

¡Una, dos, tres cucharadas!
Cierras el tapón.
¡Que la máquina empiece a funcionar!

¿Habrán de morir todas ellas?
Hormigas fénix
Que de sus cenizas
De su exterminio
De:
¡La mano de Dios!
Escapado han.

Y te vendrán a buscar
Y te van a comer
Sabes bien que entraran por algún lugar
Traspasarán los poros de tu piel
Correrán a por la boca
Las fosas nasales.
Les sentirás por los oídos
Como un zumbido de marcha marcial
De los millones de ellas
Caminándote
Inevitablemente
Invadiéndote
Transportándose por las autopistas internas
Esas llamadas venas y arterias
Si, serán tú.

La noche era fría, según le informaron en esa llamada telefónica, pero la verdad es que de esas cosas ya no se enteraba, solo hasta que la muerte de las extremidades se lo recordaba, y le eran indiferentes esos estados que la gente llamaba “frío” o “calor”, ahora mismo se quitaba la playera como si el verano quemara su espalda. Un par de botellas de tinto chocaron al mover el pie derecho que se empezaba a entumir con el sopor de las horas tiradas en la inconsciencia de aquel sillón viejo y un nuevo montón de colillas apilándose a más, formando un nuevo montículo hormiguero, se hallaba a su derecha mientras otro pequeño volcancito nacía atrincherándolo cada vez mas.
Y así, la luz perdida de algún automóvil madrugador le reveló por un instante la escena de la que era parte, un frío le recorrió la espalda mientras reconocía con terror el sitio del que era víctima, pronto caería el asalto sobre él, una vez más habrían de invadirlo los millones de soldados himenópteros, una vez mas lo conquistarían y con un poco de suerte (para ellas, claro) le invadirían hasta quince años. Podía sentir ya su correr por desde sus adentros, conquistando poco a poco estratégicamente ese campo de batalla orgánico que a no ser por la conciencia era prácticamente indefenso. Ahora sabía bien lo que le habría de ocurrir, sabía lo que venía hacia él, sabía del poder de la Reina, sabía terminaría (como siempre) rindiéndose a ella, sabíase un obrero más de la colonia, dispuesto a proteger a su creadora (desde ahora ella era su creadora) y a dar la vida por ella, sí, sabía lo que haría, sabía que tomaría el teléfono y marcaría ese número fatídico y diría las palabras correctas, esas que la harían sonreír satisfecha, las que la guiarían hacia él, las que la harían llenar de huevecillos su carne que seguirían alimentando la producción de las obreras, y así hasta la conquista final, hasta que el hormiguero andante dejara de ser útil y un día domingo (no se sabía porque tal día) se desplomara con todo el peso de ellas (las hormigas). Las mismas que lo habían elevado a estatus de hogar, ellas de tanto correrle por sus adentros terminarían por tomarlo cual escarabajo hueco y le conducirían hacia ella, la Reina…

Marcó el número mientras miraba una fotografía y sentía todas esas patas subiendo desde sus pies, uno, dos tonos. Hola amor- dijo.


Carlos Neri
Mexicano radicando en Houston, Texas

martes, 5 de enero de 2010

DEDOS DELGADOS

Siempre me gustaron tus manos. Y no
porque fueran estéticamente lindas ni
nada por el estilo, de hecho eran
bastante, como decirlo, extrañas, poco
comunes. Eran demasiado delgadas,
tanto así que a simple vista se podría
apreciar con claridad los huesos de
éstas.
Al igual que tus venas, que también
resaltaban de una manera poco usual,
de hecho sobresalían de sobremanera
cada vez que cerrabas el puño.

Sin embargo tus manos tenían un
encanto que me atraía, un encanto que
nunca llegué a comprender del todo. El
solamente ver la imagen de ellas
haciendo cualquier actividad rutinaria era
todo un espectáculo para mí, el cual
me fascinaba contemplar cada vez que
sucedía. Hasta la actividad más simple
hecha por esas manos era realzada de
manera increíble y no sólo porque éstas
me parecieran fascinantes, sino por los
movimientos que realizaban cada vez
que ejecutaban alguna tarea, sin
importar que tan sencilla fuese ésta, ellas
parecían realizarla con gran delicadeza y
de una manera poco normal.

Todavía recuerdo la primera vez que
toque tus dedos, al contrario de lo que
me pude haber imaginado, eran bastante
fríos, pero en realidad los sentí tan míos,
tan parte de mi ser, tan complementarios
a mi persona, que en verdad no los quise
soltar, quería moldearlos para que se
adhirieran a mi cuerpo para siempre, que
permanecieran dentro de mí y jamás se
escaparan, mas sin embargo ese
contacto no duró mucho, después de
todo fue el primero.

Los días que siguieron después que
toqué tus dedos fueron extraños. Ambas
palmas de mis manos empezaron a
actuar de manera bastante inusual.
Inconscientemente mi mano derecha
parecía cerrarse sola, como si estuviera
agarrando algo y no lo dejara soltar por
nada en el mundo y consecuentemente
mi mano izquierda realizaba la misma
acción, como si estuvieran en perfecta
sincronía, al igual que la nota está
apegada al sonido y la luz, a la visión,
mis manos se apegaban a mis más
bajos instintos.

Sin más premura después de
percatarme del fenómeno que se
suscitaba en mí, decidí que era tiempo
de volver a verte, para esto en vez de
llamarte o algo parecido elegí tomar el
elemento sorpresa como opción y
seguirte a tu hogar, para un efectuar un
encuentro “no planeado”.

Siempre son mejores las sorpresas, al
menos eso pienso yo, y de esa manera
se suscitó nuestro encuentro,
“sorpresivamente”. Tú doblabas la
esquina mientras yo “inesperadamente”
pasaba por la calle aledaña, lo cual hizo
que misteriosamente nuestros cuerpos
chocaran.

Al verte la cara de molestia al chocar
conmigo e inmediatamente la de
sorpresa al reconocerme, supe que todo
sería fácil, después de todo siempre te
creíste más lista de lo que realmente
eras, lo cual era tu estupidez más
grande.

Conforme al plan comencé una
conversación como si yo también me
hubiese sorprendido al verte, pregunté y
contesté trivialidades y mientras mi
lengua articulaba palabras sin sentido,
tus ojos me veían desconcertados y los
míos veían tu sonrisa que me invitaba a
hacer algo más.

Me dejaste pasar a tu hogar porque,
para mi suerte, una estrepitosa tormenta
cayó mientras charlábamos afuera. Tu
vivienda no era muy grande, aunque sí
era acogedora, tenía cierto encanto
maternal, más, sin embargo la atmósfera
escondía algo más y eso me agradaba.

Mientras contemplaba tu casa me
ofreciste una taza de café, no me negué
y proseguí mi platica sobre cosas sin
sentido mientras tus delgadas manos
removían tu chamarra de tu cuerpo, yo
sabía que hoy mismo serías mía.

Decidimos proseguir la plática en la sala,
el agua no cesaba de caer afuera, y tú
no cesabas de mostrar tus señales de
nerviosismo, después de todo si algo
sabía hacer bien era intimidar, y tú eras
presa fácil.

Mientras la plática seguía su flujo mi
cuerpo empezó a acercarse más al tuyo,
poniendo especial atención en tus
manos. Era como una danza de algún
ritual antiguo, en el que poco a poco
ambos nos íbamos acercando, para
finalmente extasiarnos a nosotros
mismos, al encontrar nuestra piel junta.

De pronto tomé tu mano, de manera
rápida y fuerte, como cuando el león
agarra a su presa. Tú te sorprendiste,
mas después suavice mi toque con una
delicada caricia mientras que mis labios
se acercaron a los tuyos, y no me los
negaste

Te hice mía, te tuve entre mis brazos, te
desnudé lentamente mientras tú
respondías acorde a mi llamado, a la
orquesta que había compuesto, a esto
que había construido, esto que había
hecho y de lo cual era arquitecto, pero
claro, sin soltar tus delgadas manos.

Te hice mía una y otra vez, no pude
evitarlo. Al sentir como tus manos me
tocaban, sentía la gloria descender sobre
mi cuerpo. Todo el tiempo te tuve
dominada, te movía donde me pareciera
placentero, te tocaba donde me
intrigaba, te soltaba y agarraba y no
dejaba que te fueras. Una experiencia
realmente extraordinaria.

Pero tenías que ser tan estúpida,
te dejaste llevar tan fácil, fuiste tan dócil a
mis planes, tan obediente a mis
órdenes, que olvidaste tus compromisos,
olvidaste tus promesas y olvidaste tu
realidad.

La puerta de la habitación se abrió
precipitosamente y al azotar ésta contra
la pared, una figura llena de odio y con
un gran sentimiento de traición, engaño
y furia blandió un cuchillo sobre mi
cuerpo y rasgó mi espalda de manera
superficial.

Todo sucedió tan rápido que no me dio
tiempo de reaccionar y al darme cuenta
mi sangre ya chorreaba por el piso y tus
alaridos y disculpas eran lo único que
podían percibir mis oídos.

De nuevo la figura se postró ante mí pero
está vez tuve el tiempo suficiente de
reaccionar, y sacándolo de equilibrio, lo
golpeé en la rodilla para que cayera al
suelo en un sólo movimiento.

Estando de pie pude desarmarlo en su
intento desesperado de contraatacar, le
quité el cuchillo y lo lancé lejos, nunca
me gustaron las armas.

Mis puños empezaron a golpear el
rostro de este sujeto con toda la fuerza
de que era capaz. ¿Cómo este sujeto se
atrevía a agredirme en mi momento de
gloria? ¿Cómo se atrevía a lastimarme
estando con lo que hice mío, con lo que
seduje y tomé para hacerme dichoso?
¿Cómo era capaz este imbécil de
atacarme por la espalda y de sorpresa
sin que saliera con la suya?

Lo golpeé una y más veces, incluso
después que dejó de respirar mis
manos seguían haciendo esta tarea
mecánicamente, mejor dicho
instintivamente. No quería volver a este
cabrón, quería que mis manos se
llenaran de sangre, quería que diera asco
cuando lo vieran muerto, no merecía
siquiera ser reconocido por su madre
cuando viera su cadáver, y no paré de
golpearlo.

Pero repentinamente, sentí un frío en mi
espalda que desgarraba lentamente todo
mi interior, volteé lentamente y te vi
desnuda, sollozante y confundida, con el
cuchillo en tus manos usándolo para
apuñalarme una y otra vez.

Siempre fuiste muy estúpida, muy
estúpida. De pronto dejaste el cuchillo y
mi cuerpo cayó al suelo, intentando
reaccionar pero me era imposible, no
podía moverme ya, más sin embargo
seguía vivo y te veía confundida y
desgraciada.

Pero viste que todavía respiraba y en un
momento de odio, desenfreno y locura
terminaste tu labor y apretaste con
todas las fuerzas de tenías dentro, mi
cuello con tus dos manos. ¡Oh! tus
manos, inclusive en mi calvario de dolor,
fueron como una salvación el que me
tocaran inclusive si éstas fueran aquellas
que originarían mi muerte, ¡oh tus manos!
tan delgadas y frágiles incluso parecía
que no sabían lo que hacían, como si
alguien de mayor poder les dijera que
hacer y no pudieran hacer más que
sucumbir a esta fuerza superior a ellas,
eran tan ingenuas, tan delicadas,
realmente no sabían lo que hacían, pero
al final, cumplieron su cometido y ambas
dieron fin a mi vida.

Pero en verdad no me puedo quejar,
realmente sería un demente si me
quejara, fue la gloria morir a merced de
ellas. Después de todo siempre me
gustaron tus manos.


"Pequeño Pavo"
México D.F.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Las ventajas del manicure (parte 3 y final)

(3)

“Por favor deje su mensaje al escuchar el tono”
-Álvaro, necesito tu ayuda, tengo un gran problema. Llámame.

Miraba a Marissa con asombró ¿Cómo le habrá hecho para escaparse? ¿Qué demonios lee? Memín Pingüín. Luego veremos a las personas caminar por la calle con camisas con: “Memín Pingüín, Héroe Nacional”. Héroe Nacional, mis polainas, y eso que no las uso, pero no importa. ¿Qué hizo de relevante el Memín ese? Nada, o como diría mi ex-maestro, Josefino, no hizo algo.
-¿Y cuál es el problema?
-Ese- le respondí a Álvaro, mientras señalaba a Marissa con el dedo.
-Yo no le veo ningún inconveniente, al contrario me parece una mujer perfecta.
-¿Perfecta? No la conoces.
-Bueno vamos a mi departamento y ahí lo discutimos, no quiero estar a media calle peleando.

¿Como le hace tanta suciedad e inmundicia para caber en un espacio tan pequeño? El departamento de Álvaro parecía ser un criadero de porquería. Usaba las cubetas de pintura como sillas, la caja de la TV como mesa, las botellas de cerveza eran los adornos florales y la televisión servía de acumulador para la ropa sucia. Imagino que las ratas y las cucarachas eran las mascotas, para ellas esto debía ser el paraíso. Opté por omitir la imagen mental de la cama, no quería otórgale material de calidad a mis pesadillas. Cuando Álvaro me preguntó donde iba a dormir, preferí el insomnio a entregarme al sueño, debía vigilar que los insectos no me usaran de nido. Y mientras Álvaro y Marissa se encerraban en la recámara yo hojeaba los cuadernos viejos de apuntes literarios. “Diario” Es raro ver a un hombre con un diario. Sin pensarlo dos veces me decidí a hojearlo, además eso me iba a mantener despierta.

Porque no quisiste hacer fuego
con nuestras miradas,
ni siquiera celos despierto,
mucho menos cariño incierto.

Tus ojos no me miran
Y yo deseo tu cuerpo,
Mas tú no me das un beso

Tus ojos me miran
Únicamente con tedio
Por no saber si me quisiste,
O de quererme te arrepentiste

¿Debo acaso seguir esperando
o morirme en el intento?

Me lo dedicó a mí. Álvaro enamorado y precisamente de alguien como yo, simplemente no era algo fácil de digerir. Y al mismo tiempo, mientras pensaba en un futuro con él, éste al parecer dejaba a un lado sus poemas para ofrendarle nuevos versos a Marissa. Ni José Arcadio y Rebeca hicieron tanto escándalo en Macondo, los superaban los gritos provenientes de la recámara. Tapé mis oídos para que no me explotaran. “Me amaba, si como no” En ese instante reaccioné ante el engaño, Marissa no era la mujer sabia como yo creía, leía únicamente historietas, mascaba chicle como camionera, se había escapado sin preocuparse por buscar un atuendo para encubrir su identidad y se acostaba con el primer hombre que le ofrecía asilo. Marissa era una zorra y punto final. Y Álvaro un hombre pensante pero justamente con el cerebro que tenía entre las piernas. “Basta de tanta mugre, estas han sido las peores vacaciones de mi vida”. Y así sin despedirme, salí del departamento, matando cucarachas con los pies, cerrando la puerta de un episodio tan absurdo como el día cuando Misko se convirtió en director de la facultad.

-Y dígame señorita, que barniz le ponemos a esas uñas.
-Rojo, a mi esposo le encanta ese color.
-Excelente decisión, precisamente me acaba de llegar un tono...
-Está precioso, le voy a decir a mi Susie que lo vea también. ¿Como me luce?
-Ratita a ti todo te queda incre’.

“Señoras, a ver un poco de silencio para escuchar las noticias”

“Ayer las autoridades federales capturaron a la amante del narcotraficante Zamir Abud, implicada en la muerte del juez de la suprema corte... Todo fue una coincidencia, pues los vecinos del departamento 244 llamaron a la policía debido al escándalo que provenía del interior. Los oficiales jamás se imaginaron encontrar a Marissa García en una situación tan comprometedora”

-La cacharon en la maroma- dijo el estilista.
-A ella y al exconvicto. Ese hombre mató al director de su carrera o algo así me chismearon; Susie, hacemos bien en no mezclarnos con ese tipo de gente.
-Terminé con sus manos Doña Paula, ya no puedo seguir con sus pies.
-¿Pero porque, niña?
-Debo ir alimentar a mi gato. Lo dejé sin comer esta mañana.
-¿Y como se llama?
-Misko II, porque el primero murió hace mucho tiempo.


"Almandarina"
Yucatán, Méxicooou

lunes, 21 de diciembre de 2009

Las ventajas del manicure (parte 2)


He pasado once años de mi vida en una celda, culpada por asesinar al director, Álvaro también está preso. Los dos esperamos algún día ser absueltos de cargos tan absurdos, pero en un país como el nuestro lo imposible se hace tangible. Durante el transcurso he soportado a mujeres viles, mediocres, insípidas y sin cualidades; por otro lado hay idiotas como yo pagando crímenes sin sentido ni culpa.
Ayer conocí a Marissa, una presidiaría condenada a cadena perpetua, me hablaba como si rozara mis pensamientos, poseía una inteligencia solitaria, única, de la cual yo no tenía anterior conocimiento.

- La vida es un mar de confusiones que parecen tener sentido.
-¿Te parece creíble estar presa por matar a un gato?
- Para mí, pocas cosas parecen funcionar como deben.
-Ni siquiera fue mi culpa, él se asfixió debido a su obesidad.

(2)

Un noviembre dejé la cárcel y tres meses después Álvaro retornó a la realidad conmigo. El absurdo mundo sin barrotes donde muchos permanecen tras las varillas de la enajenación. Sin dinero y con una carrera universitaria a medias me aventuré en busca de trabajo y obtuve el puesto de asistenta ejecutiva (o secretaria, pero ahora ya no se les dice así).

“No, no me gusta nada”.

-¿En donde cabe ser condenado por matar un gato? Además, asistente ejecutiva parece muy simple, ¿porque no mejor manicurista?
-Es ficción, no tiene porque suceder en la realidad. Las personas aman a los perros y a los gatos, para muchos sería un crimen. Y no quiero escribir acerca de una manicurista.
-¡Te digo como hacerlo mejor! Lo del gato no me disgusta, pero la vida de una secretaria suena muy aburrido.

Un noviembre abandoné la prisión y tres meses después Álvaro fue liberado. Comenzar una vida en un mundo enajenado, sin un peso, ni estudios universitarios, no fue tarea fácil. Un muchacho me dio el puesto de manicurista (y pedicurista) en su estética Chic style. Y prefiero no describir las manos de las mujeres, porque más infames me resultaron los pies. Tratándose de cosas desagradables, soportar señoras adineradas con la mentalidad de un simio, no era preferible a estar en la penitenciaría con Marissa y las carceleras hombrunas.
Ahorré 5,000 pesos, planeando unas vacaciones de la moda, el esmalte, las uñas, los callos y los juanetes. Preparé mis maletas, guarde la ropa de verano, un sombrero para cubrir los rayos del sol, las sandalias y una cámara fotográfica technicolor. Pasando la tercera caseta de la carretera con cuota, anocheció. La luna, las estrellas y las luces del coche iluminaban el camino, y la canción “Here comes the sun” se repetía por cuarta vez. “Debí traer más música”. De pronto visualicé el perfil de alguien pidiendo “aventón”, considerando las posibilidades que pudiera tratarse de un asaltante o de un policía tomé la decisión de hacer mi buena acción del año.

-¿Y ahora que piensas? ¿Suena mejor?
- ¿Quiénes cantan “Here comes the sun”?
- Los Beatles.
- ¿Porque no escucha algo más actual?
-Son los Beatles, ¡eso no lo voy a cambiar!

Abrí la puerta del automóvil, y deje a la silueta transformarse en una imagen nítida. “Marissa”. Mi ex-compañera de celda, aún con el uniforme gris y una chamarra (en pleno verano) intentando pasar desapercibida. “¿Que hago” me preguntaba una y otra vez.


Continuará...

"Almandarina"
Yucatán , México.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Las ventajas del manicure (parte1)

“Despierto, de pronto me encuentro inconsciente, mi cuerpo inmóvil mientras la bruja está viéndome con sus ojos rojos... ¿me convertirá en sapo?”.

Mínimo en los libros encuentro algo de emoción, ni me lo digas, ya se, mi vida es un fastidio. Yo me despierto a las 7:30, desayuno un licuado de plátano con leche, me peino la cabellera castaña, la enrollo en una dona, me cepillo los dientes que aún no logro blanquear y voy a la universidad. Mi repugnante escuela donde incluso el más pendejo del mundo puede dar clases. Un día, nos sorprendieron a todos los estudiantes del quinto semestre de literatura cuando nos dijeron que Misko, el gato de la facultad, nos iba a dar clases. Y no estoy hablando de las personas del servicio, las cuales la gente tiene por costumbre menospreciar, sino de un gato...de los que maúllan, toman leche, se lamen y juegan con bolas de estambre. Al principio lo creí una broma de mal gusto, las favoritas del coordinador de la carrera, pero resultó ser totalmente cierto. ¿Desde cuando Misko califica para maestro?, no hace nada, mueve la cola y se duerme. Ahora lo entiendo todo.
Con el transcurrir de los años, Misko se filtró de coordinador a director de la Facultad de Ciencias Humanas y Antropológicas. El director anterior (no recuerdo ni su nombre) entre las frases para la posteridad aportó el exquisito pensamiento de la globalización del Tigre Toño: “En estos tiempos hasta el Tigre Toño sufre de la globalización causada por el capitalismo liberal norteamericano”. Semejante bestia de hombre se necesita para no saber que Tony the Tiger es gringo, ¿no le ha visto la nariz azul y la bandita roja amarrada al cuello? Con todo esto, no era difícil ver a un gato dirigiendo nuestra institución académica. En las ceremonias de premiación los merecedores de diplomas debían dar la mano a los profesores y acariciar debidamente al gato hasta verlo voltearse patas arriba. La gente me tiraba a loca cuando les decía que el director de mi facultad me había mordido o me arañaba por no llevarle pescado y leche para comer el día del maestro. De tantos mimos Misko engordó hasta padecer obesidad, podrá parecer gracioso ver a un Maine coon de abdomen abultado echado en una silla de cuero, pero el no hacer sus caminatas enérgicas diarias llevó al director hasta la muerte. Yo estaba presente cuando le sucedió el acontecimiento funesto a la autoridad máxima, se le atoró un hueso de pollo en el pescuezo, mi compañero Álvaro y yo lo vimos caer al piso como trapo viejo...un gato que no cae de pie es un gato muerto.

Continuará...

Almandarina
Yucatán, México

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Sin nombre.

Ese fue el día en que despertó, y hoy aún recuerda el terso aroma que llegaba hasta él, una mezcla suave de café y miel. Sin pensarlo mucho decidió levantarse y averiguar la procedencia de tan dulce encanto; fue a la cocina, a la sala, revisó cada habitación de la casa, pero parecía llegar de ninguna parte. Se preguntó si tal vez venia de la calle, aunque sería eso demasiado extraño teniendo en cuenta que se encontraba en tierra de nadie, en un valle lejano al suroeste de la ciudad. Era un lugar casi desierto, solo habitado por él y el viejo que vivía en una casucha de madera, pero tampoco podría venir de allí ya que la casa de aquel viejo siempre había desprendido un penetrante olor a queso rancio. Luego de dar un paseo alrededor de su casa desistió de su pequeña búsqueda de aquel misterioso aroma convenciéndose de que tal vez se lo estuviese imaginando. Regresó a su casa a preparase algo para desayunar y fue cuando encontró parada frente a la puerta de la cocina una figura andrógina pero de rasgos delicados, como de pinceladas suaves. Su rostro no decía mucho, en sus ojos solo se percibía una frialdad algo inquietante. Al ver aquella figura posada ahí como esperándolo sólo a él, se quedo inmóvil, realmente perplejo, esa figura ya la había visto antes pero no podía recordar donde. Intentó esbozar algunas palabras pero su mente estaba en blanco, fue entonces cuando se percató de que ese suave aroma que lo había hecho despertar procedía de aquella delgada figura plana e inmóvil. Decidió acercarse un poco, pero un instante antes de poder dar el primer paso la criatura lo detuvo con una seña en su mano. Paso un buen rato y ninguno de los dos hizo ningún movimiento, solo se quedaron ahí mirándose a los ojos; él perdido en la frialdad y oscuridad de esos ojos nublados y distantes, no sentía miedo, sabía que aquella criatura le era familiar pero ¿de dónde? Forzó su mente tanto como pudo para poder recordar pero era en vano, al mismo tiempo dentro de su mente se arremolinaban diez mil pensamientos y ninguno con la suficiente coherencia como para poder pensar algo concreto. De pronto ese terso aroma de café y miel se incremento, la habitación se envolvió en café y miel, todo se arremolinaba, la criatura permanecía inmóvil, pero sus ojos cada vez eran más nublados como perdiéndose también en un torbellino de pensamientos, aunque seguramente aquella podría ser más coherente que él. Después de lo que pudieron ser horas de aquella delicada inmovilidad, la criatura se acerco a él, y a cada paso se hacía más femenina, sus rasgos se hicieron hermosos y un poco exóticos, sus ojos se hacían negros a cada paso, pero su piel permanecía gris, como muerta. Se acerco lentamente hasta él y cuando estaba a suficiente distancia lo besó. El beso más tierno que aquel había sentido alguna vez, aun así sus labios eran fríos y a medida q se dejaban ahogar en tan dulce beso el sentía el frío acero penetrando a través de su estomago, entraba suavemente, casi sin causarle dolor, era más fuerte la dulzura de aquel beso que cualquier otra sensación. Él no la detuvo, tampoco se movió, sólo dejo que el acero frío entrara, no le importó sentir su sangre caliente fluyendo fuera de él, no le importo si moriría, si este era su final y finalmente se olvido de intentar saber quién o qué era tan desgraciada y hermosa figura que lo asesinaba con un beso. Poco a poco perdió el conocimiento pero el simplemente se entregó a tan caprichoso beso, a aquellos labios que sabían a miel y café, se dejo morir en un beso agridulce, sin intentar comprender, sin intentar detener aquel final. Y fue en el instante en que no pudo sostenerse más que recordó todo. Por fin pudo recordar a aquella criatura asesina; abrió sus ojos para verla por última vez y sintió que llegaba hasta él un terso aroma, una mezcla de miel y café. Sin pensarlo mucho decidió levantarse y averiguar la procedencia de tan dulce encanto…


"ChristianFlakel"
Colombia

martes, 15 de diciembre de 2009

BUENOS DIAS (parte 2)

Parece que fue ayer, recuerdas cuando la conociste y te lleno los ojos, cuando decidiste conquistarla y cuanto te costó esto. Recuerdas todos los buenos momentos, y los malos, sobre todo cuando te dejó y el trabajo que pasaste para salir de ese hoyo en que quedaste. Sí, lo recuerdas bien, como fue que cambiaste de amigos, de vida y rutinas. Eso ya es otra historia, pasado (quieres creer).


Fue entonces que ella lo miro, directo a los ojos, con esos sus ojos tan otrora amados. ¿Qué hacer? ¿Cerrar los ojos y apretarlos como si así pudieras esconderte? Los abrió (de nuevo) y ella hablaba con su acompañante quien volteo a mirarle mientras intentaba aproximarse, pero ella lo detuvo. Tal vez quería pelear, después de lo que sucedió la última vez, no era para menos. - seguramente su nariz me recuerda más que su propio cerebro -se dijo. Estas decidido y les miras directo casi desafiante sintiendo cierto mórbido placer. ¿Ellos? Pelean, seguro es por ti. ¡Ah!, no importa es su vida. Ahora él se va y ella te mira. ¿Tú? cierras los ojos echas tu cabeza hacia atrás y te dejas caer en un post-rock que te lleva como hacia el mar. Y te preguntas: ¿Por qué hoy? Precisamente hoy, tan buen día. Piensas por que estas ahí, no sabes no lo recuerdas, solo estás. Abres los ojos y ella esta ahí parada frente a ti y te habla, te dice algo pero no escuchas, la música te lleva y no estas ahí, ella, no esta ahí en tu barco, entre los violines y el viento que sientes en el rostro. En ese instante en que en tu barco el guía grita que ve tierra tú recuerdas porque estas ahí, recuerdas que despertaste por un mensaje que llego a tu teléfono, no conociste el número pero te dejo pensando, así que te levantaste. ¿Ella? Sigue frente a ti, callada, observando tu pequeño trance, como esperando tu respuesta, parece que es tu turno de hablar, sacas tu mp3 y bajas el volumen -¡No me escuchaste!- dijo. Tú solo la miras a los ojos, esos ojos que algún día te hipnotizaron y no sabes que decir, no quieres hablar así que solo dices dos palabras: ¡Pinche sádica! Sonríes y subes el volumen, las gaviotas ya rodean el mástil mayor de tu embarcación ya se siente en el aire el aroma de la costa. Se va el miedo, ya no estás nervioso, vuelve la felicidad y comprendes, ahora lo sabes: Ya no te importa, te dejo de importar. No puedes dejar de sonreír...




Tienes un nuevo mensaje en tu celular. Abres los ojos con dificultad, no estás acostumbrado a despertar a esas horas pero hoy te sientes plenamente descansado y no tienes sueño. Que extraño, no conoces el numero así que abres el mensaje sin esperar mucho: "Ve a la fuente que esta frente al cine a las 11:00, te conviene" ¿Que raro, quién será? En realidad no te importa y sonríes pues sientes que este será un buen día.

Carlos Neri
Mexicano radicando en Houston, Texas.

BUENOS DIAS (parte 1)

Ese día sería uno especial. Lo sintió así desde que despertó. La noche anterior vio llover, se sintió como si del cielo le cayera todo el peso de su soledad en pequeños proyectiles, mientras pensaba en el pasado reciente. La nueva mañana era diferente, estaba tranquilo, incluso feliz, pues al despertar no se sintió solo en la cama como sucedía desde hacia ya algunos meses. Se levantó, tomo un baño y se vistió con una parsimonia que más que floja era pasiva; sentose en el porche de su casa buscando entre la librería de su reproductor musical el soundtrack perfecto para esa mañana. El día era fresco, contrastaba con el verano que, usualmente derrochaba un calor que se mete por debajo de la piel y se pega a la ropa forzando la respiración si se esta mucho tiempo bajo el ardiente sol. Mirando el mundo desde la comodidad de su tranquilidad, decidió que seria bueno estirarse un poco y se lanzó a la aventura de caminar sin rumbo (hacia tanto que no caminaba). Llego a la tienda de la esquina compró una bebida energética y la lotería, sentía que un golpe de suerte caería en su vida de un momento a otro, sí, hoy su suerte cambiaría, lo sentía en el ambiente. Siguió en su travesía sin poner atención realmente en lo que dejaba atrás concentrado en los sonidos que emanaban de los audífonos hasta que de pronto se encontró frente al pequeño cine que solía visitar con su ex pareja. No se extraño de estar ahí, pues le gustaba la pequeña fuente que se encontraba frente a éste, así que se sentó en ella echando la cabeza hacia atrás mientras cerraba los ojos. Y espero. Sintió el viento golpear su rostro y se dio cuenta que estaba viendo el mundo de una forma diferente, en realidad era una forma que ya conocía pero tenia tanto tiempo sin sentirla que le pareció nueva (sin duda, el tiempo olvida). Todo estaba bien. Abrió los ojos y miro al frente. ¿Qué? ¡No puede ser! ¿Por qué hoy? Justamente hoy, no lo podía creer, no lo quería creer. Era ella, mejor dicho: Ellos.


Hacia tanto, y ahí estaban. Juntos. Parados frente a él, ¿qué hacer? ¿Esconderse? ¿Evitarlos? No, se darían cuenta de la fuga pues a esa hora no había suficiente gente para confundirse, esperar era lo mas sensato sin duda, pues la inmovilidad es el mejor camuflaje. Intentó distraerse mirando a la pareja de la derecha, a la familia que cruzaba la plaza, al pequeño que llegaba con toda su inocencia a jugar en la fuente; cerrar los ojos y perderse en la musica, sí, lo intentó e invariablemente terminaba mirándoles, sin duda estaba nervioso. Pensó que la había olvidado y cada mañana al despertar solo se decía que la costumbre acabaría con el recuerdo, además que secretamente al despertar la quería odiar aun que fuese un poquito.

Carlos Neri
Mexicano radicando en Houston, Texas.